Soy Sasha Johnson, y mi historia con Lídice comenzó mucho antes de que existiera La Casita Green. Fui criada en este hermoso pueblo por mis padres, Eva y Ricardo Johnson, docentes muy queridos y reconocidos en el distrito. Nuestra casa estaba justo frente al terreno donde hoy se encuentra La Casita Green, así que este paisaje ha formado parte de mi vida desde que tengo memoria.
Crecí viendo cómo a mis padres les encantaba recibir a familiares y amigos. Nuestra casa siempre tenía espacio para compartir, conversar, cocinar juntos, cantar, bailar y celebrar la vida. Sin darme cuenta, ellos me enseñaron algo que con los años entendí mucho mejor: son esos momentos sencillos, compartidos con las personas que queremos, los que terminan dándole verdadero sentido a la vida.
Aún recuerdo sentarme en el portal de mi casa y quedarme mirando las montañas. Las dibujaba, cantaba mientras las contemplaba y disfrutaba de esa tranquilidad que siempre ha formado parte de mí. Aunque a los 20 años me mudé a la ciudad, nunca dejé de regresar a Lídice ni de sentirlo como mi hogar.
Estudié Psicología, me casé y tuve una hija. Pero Lídice siempre siguió siendo una parte importante de nuestra vida. Con el tiempo tuvimos la oportunidad de comprar un terreno que había llamado mi atención desde que era niña: aquel que estaba justo frente a la casa donde crecí.
Y entonces ocurrió algo que terminó dándole identidad a todo este sueño. Cuando mi hija tenía aproximadamente cinco años, mirando la casa y todo el verde que la rodeaba, me dijo: "Mami, esta se debe llamar La Casita Green, porque está rodeada de verde." Y así, de la manera más sencilla y especial, nació su nombre.
Desde entonces, La Casita Green ha sido nuestro lugar para volver a lo esencial. Aquí hemos compartido cumpleaños, reuniones familiares, comidas, conversaciones interminables, música, risas y muchos de esos momentos que alguna vez vi disfrutar a mis padres cuando yo era niña. Durante mucho tiempo fue simplemente nuestro refugio familiar. Después decidimos abrir sus puertas para que otras personas también pudieran vivirlo.
Y algo maravilloso comenzó a suceder. Quienes llegan como huéspedes muchas veces se van sintiéndose parte de nuestra familia. Hemos conocido personas maravillosas y algunas, incluso, con el tiempo se han convertido en amigos.
Porque al final, siento que La Casita Green continúa una historia que comenzó muchos años atrás, en la casa de mis padres: abrir las puertas, recibir con cariño y crear un espacio donde las personas puedan detenerse, compartir y construir recuerdos. Hoy tengo el privilegio de poder compartir un pedacito del Lídice que me vio crecer.
Bienvenidos a La Casita Green. Un lugar nacido de nuestras raíces, creado para compartir y pensado para hacer recuerdos.